Mujeres Maravillosas - Sabrina Palacios
Nuestra Mujer Maravillosa del mes de Mayo es la Salvadoreña-Italiana Sabrina Palacios. Ella es abogada, emprendedora y defensora comunitaria, quien está transformando su pasión por el café en un propósito de vida. Conocida por alzar su voz para apoyar a las laboriosas comunidades inmigrantes, Sabrina ha construido recientemente una plataforma arraigada en la cultura, la conexión y el empoderamiento.
Nacida y criada en Fort Lee, Nueva Jersey, Sabrina creció con un conocimiento de primera mano de la experiencia inmigrante. Su padre emigró desde El Salvador a los 19 años, y su madre desde Italia con tan solo 11 años. Ambos le brindan perspectivas únicas sobre los desafíos, los sacrificios y las oportunidades que conlleva comenzar una nueva vida en los Estados Unidos. Sus historias contribuyeron a forjar la pasión de Sabrina por la defensa de derechos, el trabajo comunitario y la creación de espacios donde las personas se sientan vistas y representadas.
Mientras asistía a la Escuela Secundaria Fort Lee, Sabrina fue seleccionada para formar parte de la “Academy of Finance”, un programa altamente competitivo compuesto por tan solo entre 20 y 25 estudiantes que dedicaban tres años al estudio de los negocios y la educación financiera. Durante ese periodo, también tuvo la oportunidad de realizar una pasantía con un abogado; una experiencia que despertó su interés por el ámbito jurídico y que, en última instancia, la llevó a seguir una carrera en el derecho.
Tras su graduación, cursó su primer año universitario en la Universidad de Syracuse. Se sentía aislada en el norte del estado de Nueva York y no le agradaban los fríos inviernos de la región. Por ello, se trasladó a la Universidad de Nueva York (NYU), la cual había sido su universidad soñada. Estar cerca de casa hizo que Sabrina se sintiera más a gusto, permitiéndole además prosperar plenamente en la NYU. Su paso por la NYU le brindó numerosas oportunidades; entre ellas, la posibilidad de estudiar en el extranjero —específicamente en Londres— durante aproximadamente seis meses.
Tras su regreso de Londres y después de graduarse de la Universidad de Nueva York, Sabrina Palacios decidió tomarse un año sabático antes de continuar su trayectoria profesional. Durante ese tiempo, trabajó junto a su padre para ayudar a inaugurar el restaurante El Palacio. Esta experiencia le permitió a Sabrina combinar su espíritu emprendedor con los conocimientos empresariales que había adquirido años atrás, como parte del programa de la Academia de Finanzas de su escuela secundaria. Trabajar estrechamente con su familia no solo fortaleció su conexión con sus raíces, sino que también le brindó experiencia de primera mano sobre lo que implica construir y hacer crecer un negocio centrado en la comunidad.
Una vez que sintió que el restaurante El Palacio funcionaba con fluidez, Sabrina dio el siguiente paso hacia su objetivo de larga data y presentó su solicitud a la Facultad de Derecho de Rutgers. Fue aceptada y allí comenzó a forjar su carrera jurídica. Durante sus estudios de derecho, Sabrina exploró diversas áreas de práctica antes de inclinarse finalmente hacia el derecho corporativo, la asesoría jurídica interna, la propiedad intelectual y las marcas comerciales. Su trayectoria profesional la condujo finalmente al sector farmacéutico, donde adquirió una valiosa experiencia navegando por el mundo jurídico corporativo.
A medida que su carrera evolucionaba, Sabrina comenzó a buscar nuevas oportunidades que estuvieran alineadas tanto en el plano profesional como en el personal. Cuando una amiga que trabajaba en una empresa de fertilidad se puso en contacto con ella para informarle sobre una vacante para un abogado, la oportunidad captó su atención de inmediato. La posibilidad de trabajar en la ciudad de Nueva York, al tiempo que ayudaba a las familias a través de una labor significativa, le pareció la opción ideal. Finalmente, Sabrina obtuvo el puesto de Asesora Jurídica Corporativa, una posición que ella describe como el trabajo de sus sueños, ya que combina su pasión por la defensa de causas, la conexión humana y la capacidad de generar un impacto real en la vida de las personas.
Sin embargo, la situación cambió con el tiempo cuando asumió una nueva dirección, y el ambiente laboral se tornó cada vez más difícil. Finalmente, a Sabrina se le ofreció un paquete de desvinculación y dejó la empresa. Tras optar por apartarse del ámbito laboral durante un periodo, pronto tuvo que hacer frente a una serie de desafíos personales. A su madre le diagnosticaron cáncer de mama y, casi al mismo tiempo, su padre —mientras viajaba por Guatemala— sufrió un choque séptico que requirió una cirugía de urgencia. Sabrina voló de inmediato a Guatemala y, junto con su hermano, trasladó a su padre en automóvil hasta El Salvador para asegurar que recibiera la atención médica urgente que necesitaba.
Estas experiencias reforzaron aquello que siempre había ocupado el centro de sus valores: la familia ante todo. Al no estar ya atada a la vida en la ciudad, Sabrina tomó la decisión de regresar a Nueva Jersey. Volvió a casa para vivir con su madre y apoyarla durante su tratamiento, todo ello mientras seguía postulándose a nuevas oportunidades profesionales con la intención de reincorporarse al mercado laboral cuando llegara el momento oportuno.
Sabrina comenzó a sentirse desanimada tras ser rechazada repetidamente para puestos para los que estaba claramente cualificada. Afortunadamente, su disciplina financiera le brindó estabilidad durante ese periodo, otorgándole el espacio necesario para reevaluar su siguiente paso sin presiones. Finalmente, recurrió a su padre con una nueva idea: unirse a uno de sus negocios de manera más formal, asumiendo el cargo de gerente comercial. En muchos sentidos, ya venía asumiendo este tipo de responsabilidades de forma informal; una realidad familiar para muchas hijas latinas primogénitas de primera generación, quienes a menudo terminan desempeñando este rol. Dada su formación combinada en derecho y negocios, la decisión resultaba de lo más lógica. La experiencia de Sabrina, sumada a su formación jurídica, la posicionaba de manera ideal para apoyar y contribuir al crecimiento de los emprendimientos familiares de una forma más estructurada.
Tras todo lo que había vivido, Sabrina se sentía emocionalmente agobiada y desconectada de ese sentido de propósito que siempre la había impulsado. Más que nada, anhelaba regresar a sus raíces y a aquello que en el pasado le había brindado estabilidad y arraigo. Comenzó a reflexionar sobre cómo reorientar su vida para que volviera a sentirse auténtica; una vida que integrara sus pasiones, sus habilidades y su herencia cultural. Aquello la condujo a una nueva idea: construir algo junto a su padre, quien ya dirigía un próspero negocio familiar en el sector de la restauración. Sabrina visualizó la creación de un concepto totalmente propio, un espacio donde pudiera combinar su pericia en el ámbito jurídico y empresarial, al tiempo que aprovechaba las décadas de experiencia de su padre en el sector de la hostelería y la gastronomía. De esa intersección entre propósito, familia y cultura, nació la idea de Palmas Café.
Un amigo de la familia, Alejandro —quien había crecido junto a su primo Tonito— se había trasladado a Estados Unidos para trabajar con el padre de Sabrina en uno de sus restaurantes. Sabrina percibió que la creatividad y el talento de Alejandro no estaban siendo aprovechados al máximo. Habiendo pasado gran parte de su propia vida como estudiante, siempre se había sentido atraída por las cafeterías, espacios que consideraba propicios para fomentar la conexión, la conversación y el sentido de comunidad. Eran mucho más que simples lugares para tomar una copa: eran centros culturales donde las ideas y las relaciones surgían de manera natural. Esto dio origen a una idea. Al abrir una cafetería, Sabrina podría crear un espacio que no solo pusiera de relieve las habilidades de Alejandro, sino que también le permitiera colaborar con su padre al incorporar comida salvadoreña en el menú. Al mismo tiempo, esto permitiría a Alejandro crecer como líder, asesorando y capacitando a otros baristas, y contribuyendo así a desarrollar nuevos talentos dentro del negocio.
La visión de Sabrina para Palmas Café está profundamente arraigada en sus recuerdos de infancia en El Salvador. De niña, pasaba allí todos los veranos, inmersa en la vida familiar y la cultura. Guarda recuerdos entrañables de sus visitas a «Las Palmas» junto a su abuelita, rodeada de palmeras, cafecito y platos calientes de quesadillas que le hacían sentir como en casa. Para Sabrina, el café a menudo se ha asociado con el ajetreo y el movimiento constante, pero ella espera cambiar esa narrativa. En su visión, el café no se trata solo de productividad; se trata de cultura, familia, comunidad, intención y de crear un espacio para sentarse a reflexionar. Ella desea que cada persona que entre en Palmas sienta que está accediendo a una experiencia: un lugar donde el tiempo transcurre más despacio, las conversaciones fluyen con naturalidad y el chisme con la prima es tan importante como el café mismo.
La visión de Sabrina para Palmas Café va más allá de construir una presencia en línea con bebidas visualmente atractivas y dignas de Instagram. Ella pone una intención deliberada en trasladar esa energía al espacio físico del local. Desde el momento en que alguien cruza las puertas, su objetivo es que se sientan bienvenidos, animados e invitados a quedarse un rato, ya sea para conectar con otras personas o simplemente para disfrutar del ambiente. Palmas está diseñado como un espacio que fomenta tanto la comunidad como el equilibrio. Si bien promueve la interacción social y la conversación, también cuenta con rincones tranquilos para aquellos que necesitan concentración o privacidad para trabajar. Para brindar un mayor apoyo a sus clientes, la cafetería ofrece incluso servicios prácticos como impresora, escáner y fax, convirtiéndose en algo más que una simple cafetería. Para Sabrina, Palmas aspira a ser un entorno inclusivo, seguro y cómodo para todos; un lugar donde las personas puedan mostrarse tal y como son.
Palmas Café se ha convertido rápidamente en un lugar destacado dentro del panorama cafetero de Nueva Jersey. Conocido por sus bebidas elaboradas con esmero, sus sabrosos bocados y sus dinámicos eventos comunitarios, ha crecido hasta convertirse en un verdadero punto de encuentro del barrio, atrayendo a menudo largas filas de clientes que llegan hasta la calle en cualquier día de la semana. Más que una simple cafetería, se ha transformado en un destino donde la cultura, la conexión y la energía convergen de manera natural. Gracias a la plataforma que ha construido, Sabrina siente también la responsabilidad de alzar su voz en conversaciones más amplias sobre política e inmigración, temas que lleva muy dentro de su corazón. Ella cree que, especialmente como empresaria de una nueva generación, resulta imposible separar por completo los negocios de las realidades sociales y políticas que moldean a las comunidades. Tras haber sido testigo de la incansable ética de trabajo de su padre —y de las oportunidades que esta generó para su familia—, Sabrina comprende de primera mano el impacto de la perseverancia y el sacrificio. Aspira a transmitir esa perspectiva a los demás, compartiendo su historia como una forma de resaltar la importancia de la representación y de demostrar que las personas de orígenes diversos —como ella— pueden y deben ocupar posiciones de influencia y liderazgo.
Cuando se le preguntó qué significa para ella ser latina, Sabrina reflexionó sobre un viaje que no siempre fue fácil. Durante su infancia, a menudo luchó con su identidad, sintiendo que, al ser mitad salvadoreña, no era «lo suficientemente latina». Vivir en Fort Lee, una comunidad predominantemente asiática, no hizo más que intensificar esos sentimientos de inseguridad y de sentirse ajena durante sus años formativos. Hoy, sin embargo, ser latina significa algo diferente para ella. Representa una reivindicación consciente de su identidad: crecer para convertirse en quien realmente es y abrazar su herencia de manera abierta, orgullosa y sin titubeos. Para Sabrina, Palmas Café es más que un negocio; es una extensión de ese viaje. Refleja su cultura, sus raíces y su compromiso de celebrar esa identidad que en el pasado llegó a cuestionar, pero que ahora asume y expresa plenamente.
Sabrina ya está mirando hacia el siguiente capítulo. Ella, su padre y Alejandro se encuentran buscando activamente ubicaciones para abrir un segundo local. Desde la organización de eventos como el «Benito Bowl» hasta sesiones de yoga, talleres de cerámica y clases de baile, Palmas está diseñado para ser tan dinámico y versátil como las personas a las que atiende. Ya sea que los clientes pasen por allí para trabajar, para ponerse al día con amigos mientras disfrutan de un matcha o un latte, o simplemente para disfrutar del ambiente, Palmas ofrece algo para todos, sin importar el motivo de su visita. Para mantenerse al tanto de sus últimas bebidas de temporada, eventos comunitarios y propuestas temporales (*pop-ups*), ¡asegúrese de seguirlos en Instagram!