Amazónico Miami: tres pisos, tres ambientes, y un viaje al Amazonas en Brickell
Por Joanna Wurmann
En Miami estamos viviendo una especie de fiebre por los restaurantes que ofrecen experiencias en las que la decoración es parte esencial de la propuesta. Acá no solo importa la comida, sino también lo atractivo del entorno, con espacios que te transportan a otros mundos, ya sean imaginarios o inspirados en distintos lugares del planeta. En este caso, además, ese viaje tiene un destino muy claro: el Amazonas, en pleno Brickell.
Amazónico llegó a Miami hace unos meses y finalmente fui a conocerlo. Este restaurante brasileño aterrizó en Brickell después de triunfar en ciudades como Madrid, Londres, Dubái y Montecarlo, acompañado de una impresionante decoración de inspiración selvática. Aquí, el diseño interior incorpora una vegetación abundante que cuelga del techo, lámparas de ratán con flecos en tonos cálidos y sillas y banquetas tapizadas en terciopelos verdes y estampados tropicales vibrantes. A esto se suman esculturas de madera, candelabros dorados y formas curvas en los techos que evocan hongos gigantes iluminados, además de una escalera protagonista que conecta los distintos pisos. El resultado es un ambiente maximalista e inmersivo, capaz de transportarta a esa región sudamericana.
Sin embargo, más allá de la ambientación, lo que más me gustó fue su concepto: tres pisos, cada uno con su propia personalidad, para que tú decidas dónde y cómo quieres estar. Y es que, seamos honestos, no siempre queremos comer con música a todo volumen que no te deja ni escuchar a la persona que tienes al frente.
Por un lado, el primer piso funciona como el restaurante propiamente dicho, dividido entre espacios interiores y una terraza con techo retráctil, de esos que se abren y se cierran según el momento. Esto resulta especialmente práctico, ya que permite estar al aire libre sin depender del clima cambiante de Miami. Nosotros cenamos justamente ahí. Aquí la música cumple un rol de acompañamiento: está presente, pero te permite mantener una conversación sin grandes esfuerzos. Además, la cocina abierta permite ver el movimiento y presenciar la preparación de los platos que pronto llegarán a las mesas. Este es, sin duda, el piso pensado para cenar con calma, disfrutar y compartir. Porque, seamos honestos, no siempre apetece comer con música a todo volumen que no te deja ni escuchar a la persona que tienes enfrente.
Ahora bien, si subes al segundo piso, el ambiente cambia. Allí se encuentra el Bar & Lounge, con DJs residentes y percusionistas en vivo, lo que eleva la energía del lugar. En este nivel también están la barra de sushi y un espacio privado para grupos más pequeños. El menú es el mismo que en el primer piso, pero la atmósfera se vuelve claramente más animada. Finalmente, para quienes buscan una experiencia de fiesta sin rodeos, el tercer piso alberga una discoteca y, justo al lado, un rooftop con vista al skyline de Miami, donde toda la energía nocturna se concentra en lo más alto.
Foto de: James Mcdonald
Por eso, la posibilidad de elegir el ambiente sin sacrificar la comida me parece uno de los grandes aciertos del lugar. Si quieres cenar tranquilo, el primer piso es ideal. Si prefieres el mismo plan, pero con más movimiento, el segundo cumple perfectamente. Y si ya cenaste y quieres seguir la noche, el tercero está listo para eso. Al final, cada quien arma su propio plan según el ánimo del día.
Ahora bien, hablemos de la comida. El menú está inspirado en la biodiversidad del Amazonas y, a partir de ahí, fusiona sabores de Brasil, Perú y Colombia con influencias japonesas, por lo que la carta es amplia y variada. En ella encontrarás carnes a la parrilla, como la picanha rodizio; arroces; opciones de sushi y crudos creativos, como el amazónico maki con mango, nibs de cacao y coco; y, algunos, platos más elaborados, como el gaucho de langosta sobre orzo de sémola en bisque de coco.
Foto de: Rusne Draz
Entre los que nosotros probamos, estuvo la langosta de Maine con parmesano, leche de tigre y frambuesas, una combinación interesante entre lo cremoso del queso y el toque ácido de la leche de tigre. También llegaron a la mesa los rollitos samosa, rellenos de pollo y queso tybo, acompañados de salsa de cilantro, y el hamachi tiradito, con láminas finas de yellowtail, pulpa de maracuyá y aderezo de hojas de shiso, que se presentaba en forma de rosa, bonito a la vista y fresco en sabor.
En cuanto a los principales, elegimos el arroz chaufa, que lleva tres tipos de arroz integral, rojo, negro y blanco, junto con dos proteínas, una combinación pensada para quienes disfrutan de platos más completos. Por otro lado, y en lo personal, como chilena, me encanta el queso fundido al estilo argentino, que aquí llega con tomate seco y anchoas, con un giro más internacional. Y, además, no podía faltar la carne en la mesa. En esta ocasión fue la picanha al rodizio, con ese sabor a parrilla sudamericana tan reconocible y ligado a nuestras raíces.
Eso sí, si tuviera que hacer una observación, el pão de queijo habría brillado más si llegara caliente, como manda la tradición. Ese pan de queso brasileño pide a gritos servirse tibio y recién horneado. De todos modos, se trata de detalles de ajuste fino en un restaurante que todavía está afinando su ritmo.
Si lo que buscas es un lugar para cenar con amigos, tomar tragos y luego decidir si te quedas conversando o subes a bailar, Amazónico ofrece esa posibilidad. La idea es clara y está bien ejecutada: un viaje completo bajo un mismo techo. Empiezas con la cena y, sin darte cuenta, puedes quedarte para todo lo demás. A veces, eso es exactamente lo que se necesita.
Amazonico Miami, 800 Brickell Ave, Miami www.amazonicorestaurant.com
Foto de: Rusne Draz